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domingo, 25 de mayo de 2014

El derecho a escoger mi futuro, el derecho al voto



En la práctica, la democracia brinda tres herramientas reales al ciudadano común y corriente (como usted o como yo): 1. El derecho al voto; 2. La tutela y 3. Las vías de hecho. 


Desde 1991 todos los presidentes en nuestro país han sido escogidos (en promedio) por menos del 60% de los ciudadanos en capacidad de votar. Eso explica, quizá, porque no hemos tenido un gobierno que en verdad gobierne para todos, no sólo para unos cuantos. 


Uno de los grandes enemigos de esta patria, es la apatía política. Dejamos que unos cuantos voten para después por tutela o por las vías de hecho, pretender hacer valer nuestros derechos. Así no funciona la democracia. 


Estas elecciones han estado llena de polémica. Pero un momento, qué elección en nuestro país no lo ha estado? Qué elección no ha estado salpicada por escándalos, antes, durante o después? Que capacidad tenemos los colombianos de asombrarnos, olvidar y estar listos para el siguiente escándalo! Que hipócritas somos!


No salimos un domingo a votar, pero si nos alistamos a salir a paro, a protestar o a interponer tutelas. Claro, es más fácil gritar en medio de la calle que examinar críticamente las propuestas y los perfiles de los candidatos. La primera opción sólo me requiere gritar acompañado; la segunda me requiere leer, examinar, validar y reflexionar. 


En estas elecciones presidenciales el país debe escoger que camino quiere recorrer por los próximos años. Si refrendar la ambición política de un hombre que se apedilla Uribe (en cualquiera de sus presentaciones) o si le apuesta a algunas de las alternativas como Peñaloza o Clara Lopez. 


Puede haber una democracia sin que los ciudadanos voten? 


Personalmente cuanto extraño esa sensación de la revolución ciudadana, del no todo vale, de la apuesta por la educación sobre la guerra, de escoger los libros antes que las armas. 


Sin duda alguna nuestra Colombia está entrando en una era totalmente desconocida, con todo lo bueno o malo que esto implique. 



martes, 20 de mayo de 2014

Acerca de por qué voy a votar por Juan Manuel Santos



Primero permítame decirle por qué no voy a votar por los otros candidatos. 

No voto por Zuluaga porque una cosa es tener el respaldo de un expresidente y otra es ser un títere. Máxime si ser el títere es su estrategia electoral. Sus propuestas insulsas y su demostrada capacidad de que el fin justifica los medios, francamente no son características de un presidente. 

Y lo que más me atemoriza: al parecer no sólo se aprendió el libreto escrito por Uribe sino que ya aprendió su modus operandi (si lo quiere comprobar vea el video de Zuluaga hablando con un hacker planeando un golpe a santos, al mejor estilo de Uribe en la época de la casa de Nari); al parecer también aprendió la macabra habilidad de polarizar la opinión pública para encubrir su débil humanidad. Y si esto fuera poco, no voto por Zuluaga porque predica que la única forma de acabar el conflicto armado es a través de la guerra. Una guerra que ha dejado más de doscientas mil víctimas y casi cinco millones de desplazados. Una guerra sin sentido. Y por cierto, no voto por Zuluaga porque ya demostró el zorro que es. 

No voto por Martha Lucía Ramirez. Pienso que de las mujeres en política en nuestro país, es quizá la que mayor credibilidad me genera. Su origen de clase media y su capacidad de gestión es, al menos para este humilde ciudadano, indiscutible. Si bien sus propias propuestas no son nada innovadoras, ni profundas, ni estructurales; me inspira una confianza poco habitual en nuestro escenario político. Su liderazgo sin ser muy emotivo ha movido a las mujeres tras su imagen de seriedad y aplome. Pero hay una razón por la cual no voto por Martha Lucía y es Uribe. Tras de su buena imagen aún tengo el aroma de Uribe. Un aroma a falso positivo. 

No voto por Peñaloza. Creo que Enrique Peñaloza es un tipo serio, inteligente, visionario. Sus propuestas sin pretender grandes cambios, si son al menos en el papel y en el discurso, mucho más aterrizadas que las de Zuluaga (por ejemplo). Lo que más me gusta de Peñaloza es su capacidad de gestión. Al menos para mi, ésta es su principal cualidad. Sería un buen presidente gerente. También me agrada mucho su mensaje independiente y su discurso decente. Lo que más me gusta de la campaña de Peñaloza es Claudia Lopez y María Isabel Segovia, quienes representan una política seria de opinión, decente y de lucha contra la corrupción; y además, una apuesta por la educación (uno de los temas históricamente pendientes en nuestro país). Por qué no voto por Peñaloza? Porque aún no tengo clara su distancia de Uribe. Y ante la duda, mejor me abstengo. 

No voto por Clara Lopez Obregón. Creo que es una mujer madura y decente. Francamente nunca he sido de ideas socialistas. No creo en el socialismo sencillamente porque no creo en los socialistas. Y no creo en los socialistas porque ellos mismos han demostrado que el modelo no funciona. No voto por Clara Lopez no sólo por sus ideas socialistas sino porque no estoy seguro de su capacidad de gestión y de poder político para gobernar. Propone un cambio de modelo, pero cambiar a cuál modelo? Cómo lograr consensos? Una cosa es se alcaldesa encargada, otra ser presidente. 

No voto en blanco porque es una opción poco efectiva y muy costosa. Poco efectiva porque en el mejor de los casos obligaría a el país a repetir las elecciones con candidatos diferentes. Si muy bueno eso. Pero a qué precio? Si mal no recuerdo cuesta más de 30 mil millones de pesos unas elecciones. A eso súmele que en ese eventual escenario la maquinaria política si sacaría la chequera para comprar las conciencias que (aún) no han comprado. 

Entonces, voto por Santos, porque es mejor malo conocido que bueno por conocer? Realmente no estoy seguro que haya bueno por conocer. 

De Santos hay mil cosas que no me gustan. No voté por él en las elecciones pasadas y no votaría por él en estas elecciones si las circunstancias fueran otras. Por ejemplo, si Sergio Fajardo fuera candidato. 

A mi parecer, no existe otro candidato que combine el poder político y económico con la capacidad gerencial y técnica como Santos. Además de una habilidad de negociación única. Y no lo digo precisamente por los diálogos de La Habana, sino por los consensos  políticos que ha logrado en el pasado. 

En su gobierno se han implementado grandes reformas estructurales, muchas de ellas aún en camino de ejecución. Un sólo ejemplo: la ley de víctimas y restitución de tierras. Nadie en toda la historia reciente del país había decidido jugarse su capital político por esta iniciativa, que entre otras cosas, era de la izquierda tradicional. Creo que tanto morbo político nos ha impedido digerir esta trascendental reforma. 

Santos además ha concebido un país moderno. Ha reformado muchas instituciones haciéndolas efectivas. Ha puesto a los mejores de los mejores frente a los grandes temas del país. Un ejemplo, quien lidera hoy el desafío de sacar al país del atraso histórico de infraestructura es el ex director de la prestigiosa firma consultoría, Luis Fernando Andrade. 

Rafael Pardo, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas, Alejandro Gaviria; entre otros, son colombianos de gran calibre académico y disciplinar. 

Santos es un presidente que ha antecedido la capacidad técnica y gerencial, antes del color político. 

Su gran pecado ha sido apostar el capital político (que le quedaba) por el proceso de paz con las FARC, ofendiendo así a Uribe; proponiendo una alternativa diferente a la guerra. Y es su pecado porque no ha podido de manera consistente transmitir una imagen de seguridad a los colombianos. 

Reitero, hay mil cosas de Santos que no me gustan. JJ Rendón, La mermelada, los falsos positivos, su lentitud para abordar algunos temas del país, su prudencia medrosa frente al procurador, su incapacidad de hacer reformas estructurales en el campo, la lucha en contra la corrupción y sobre todo: su lentitud en garantizar la seguridad en las ciudades (deuda que heredó de su antecesor). 

Creo que los colombianos, empezando por mi, no dimensionamos el impacto positivo de firmar la paz con las FARC. 

Para mi, que durante toda mi vida no he visto en mi país ni un solo día de paz, soñar con una Colombia post conflicto es una utopía que hoy es posible. Esto nos permitirá hacer duelo, recoger los escombros y empezar a construir un nuevo país. 

Los procesos de paz no son ni fáciles ni rápidos. Y nunca en nuestra historia se había avanzado tanto como ahora. 

Sí, todavía estamos muy lejos de la paz. Pero paradójicamente, es lo más cercano que hemos estado. 

La paz nos permitirá gastar esos billones en salud, educación y vías. Nos permitirá enfocarnos en el verdadero enemigo: el narcotráfico y el peor de sus inventos, el micro tráfico que destruye nuestra sociedad a la vuelta de la esquina. 

Es tan profunda el cicatriz de esta guerra que ya hace parte de nuestra genética. 

Pero yo, sueño con algún día contarle esta historia a mis hijos y sea eso: una historia, una historia con un final "feliz". 

Lo leo y veo lo ingenuo que puedo ser. Pero, y si sucede?